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En el siglo V y IV antes de Cristo la filosofía griega atravesó un período afortunado y portentoso, que incluso después de veinticuatro siglos es objeto de estudio y admiración. Los nombres de los sabios de aquel período son también hoy símbolo de sabiduría y de inteligencia casi divina. Las bases de la filosofía de entonces son las de hoy; el tiempo y el progreso no las han demolido, y los sucesores han construido encima de ellas y entorno a ellas.
Los sabios de período helénico dirigieron la atención también hacia la luz y formularon las teorías. En gran cantidad. No parece que los filósofos griegos se hayan propuesto claramente el problema de determinar la naturaleza de la luz; su cuestión era desvelar el mecanismo de la visión.
En aquellos tiempos el argumento base de la investigación más elevado era conocer al hombre en sus funciones y en sus facultades. Una de éstas era la vista: ¿cómo se hace para ver?.
Y no podía ser de otra manera. Todo ente físico existe en cuanto produce unos efectos; en aquella época el único efecto conocido de la luz era la visión y era natural que el estudio comenzase desde allí.
Cogiendo aquel luminoso siglo V a. C., en pleno esplendor del período considerado Helénico de la ciencia antigua, ya encontramos algunas escuelas y algunas corrientes comprometidas en la investigación del mecanismo de la visión. Aquí me remito otra vez al texto de Ronchi:
Se podría decir que en el siglo V antes de Cristo hubo una afanosa búsqueda de la conexión entre el ojo y (la cosa vista) el objeto; precisamente de aquella conexión que nos interesa y que hoy para muchos se llama «luz». Pero no se ha llegado enseguida a la demostración o a la hipótesis de qué debiera ser esta «luz» objetiva y enlazadora del objeto visto con el ojo vidente; porque si hoy se llama así, sin ninguna reserva y sin ni siquiera pensarlo, como si esto fuese una realidad evidente, se hace precisamente como consecuencia del trabajo y de la discusión de casi dos milenios. (…)
Entonces, en el siglo V, este tipo de enlace entre el ojo y objeto visto era considerado, justamente, como una de las soluciones posibles, pero no la única; porque, justamente, se podía pensar en un enlace mediante un quid que salía del ojo y iba hacia el objeto visto; o bien a un quid que desde el objeto visto iba hacia el ojo; y finalmente a una coexistencia de estos dos quid 3 uno en sentido inverso al otro. Tampoco con esto se agotaban las soluciones posibles, porque también se podía pensar en una conexión de tipo distinto, sin movimiento en un sentido o en el otro, pero solamente mediante una modificación del medio interpuesto entre el ojo y la cosa vista. Todas estas ideas fueron presentadas para la discusión. 4
De estas ideas se desarrollan, en el periodo helénico, tres corrientes teóricas:
La primera, la de la escuela pitagórica, que hace salir la luz del ojo. La segunda la de los atomistas de la escuela de Demócrito, estaban a favor de la emisión que partía de los cuerpos hacia el ojo. La tercera la de la escuela platónica, Empédocles fue de los primeros en sostener una combinación de los dos flujos. Solamente en el siglo siguiente, siglo IV a. C., la cuarta hipótesis se define en la obra de Aristóteles, tal vez como consecuencia de la insatisfacción por las otras ideas. Aristóteles consideraba la luz como movimiento entre el objeto y el ojo.
Ninguna de estas corrientes triunfó sobre las demás, pero existió un predominio y mayor vitalidad de la teoría de la escuela pitagórica.
3 quid: (Del latín. quid, qué cosa) Esencia, razón, punto más importante o causa principal de una cosa.
4 RONCHI, Vasco. op. cit. pág. 4.
A Empédocles,5 se le atribuye la primera formula del concepto que la «luz» fuera debida a un efluvio de los cuerpos recibido por el órgano de la vista.
Empédocles está en el orden de las ideas de admitir dos flujos: uno externo, existente por si mismo, objetivo, de naturaleza corpuscular, llevándose consigo el orden, la forma y los colores de los objetos; pero, pensándolo bien, esto no bastaba para explicar aquello que se veía: para rendir cuenta de aquello que se conocía a propósito de la visión, tenían que existir también unos rayos emitidos desde el ojo.6
Ronchi no cree necesario adentrase en una critica más profunda de aquello que Empédocles quiso decir, apuntando la idea fundamental:
la combinación entre una intervención de partículas externas y una acción desde el interior del ojo, por medio de un «fuego» (de interpretarse como espíritu, alma o alguna entidad todavía menos definida). 7
Contemporáneo de Empédocles fue Leucippo di Mileto, cuyo nombre está muy ligado con el de Demócrito. Decía que los objetos enviaban alguna cosa a nuestra alma para percibirlos:
Cada modificación producida o recibida tiene lugar en virtud de un contacto: todas nuestras percepciones son táctiles; todos nuestros sentidos son variedad de tacto. En consecuencia, dado que nuestra alma no sale desde nuestro interior para ir a tocar los objetos externos, necesita que estos objetos vengan a tocar nuestra alma, pasando a través de nuestros sentidos. Ahora nosotros no vemos a los objetos acercarse a nosotros, cuando nosotros los percibimos; se necesita entonces que envíen a nuestra alma alguna cosa que los represente, algunas imágenes, èidola (_i____), especie de sombra o de simulacro material que reviste los cuerpos, se agitan en su superficie y pueden separarse para llevar a nuestra alma las formas, los colores y todas las otras cualidades de los cuerpos desde los cuales emanan ».8
Menos definido parece Demócrito.9 El piensa que:
5 EMPÉDOCLES de Agrigento. Nacido en Agrigento en Sicilia, vivió entre el 483 y el 424 a. C.
Filosofo griego. Introdujo el concepto de elemento en filosofía, según el cual el universo está
integrado por cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra. Admitió dos coprincipios, amor y odio,
como fuerzas externas que actuan sobre estos elementos.
6 RONCHI, Vasco. op. cit. pág. 5.
7 RONCHI, Vasco. op. cit. pág. 6.
8 TROUESSART, J. Recherches sur quelques Phénomènes de la Vision. Brest: Anner, 1854, pág. 15.
9 DEMÓCRITO de Abdera, vivió entre el 460 y el 360 a. C.
«el aire interpuesto entre el ojo y el objeto recibía la impronta como consecuencia de la compresión ejercitada sobre él desde el ojo y desde el objeto».10
Aparece aquí por primera vez, dice Ronchi, la idea de un «medio de transmisión». Pero todavía antes de llegar a Demócrito, la escuela pitagórica había avanzado otras ideas, que iban a aumentar la variedad de aquellas que ya estaban circulando en aquel tiempo a propósito del gran misterio de la visión.
Apuleyo, Archita da Taranto11 amigo y contemporáneo de Platón, exponente autoritario de la Escuela pitagórica, sostenía que la visión sucedía exclusivamente por medio de un «fuego» invisible, que salía de los ojos y iba a tocar a los objetos, descubriéndoles la forma y el color.
Se podría decir que la discusión portará con el tiempo a una definición de posiciones. En efecto mientras de una parte los atomistas se endurecían en las ideas del tipo de aquellas atribuidas a Leucippo, y los pitagóricos venían a negar toda influencia externa y reservaban al ojo la facultad de ir a ver los objetos, emitiendo un quid apto para hacer esto.
Esta idea de los pitagóricos ha tenido un séquito increíble. Hoy, al contrario, es precisamente sobre esta idea donde se han desencadenado las críticas de los físicos de los últimos siglos, los cuales han tratado argumentos para demostrar la modestia, por no decir la miseria, de las condiciones físicas del periodo helénico de la historia de la ciencia.
Nosotros en cambio no podemos dejar aparte la evolución de esta teoría, porque ha tenido una influencia grandísima sobre el desarrollo de la óptica. Encontramos estos conceptos vivos y fecundos en hombres como Euclides, Ipparco, Tolomeo y Eliodoro de Larissa, en un periodo de cerca de siete siglos. La dificultad está en precisar que entendía Archita con aquel: «fuego» invisible que sale de los ojos. Por otra parte hay que señalar que expresiones de este género, sin demasiadas pretensiones científicas, pero con significado no solamente sentimental, han sido utilizadas sin moderación por los poetas de todas las épocas, sin excluir aquella moderna, que habla de los efluvios que salen de los «ojos seductores» de las brujas y de las fieras, de las serpientes o de las enamoradas o de los cultivadores de la ciencias ocultas y que llena la literatura novelesca.
10 RONCHI, Vasco. op. cit. pág. 7.
11 ARCHITA da Taranto, vivió entre el 430 y el 365 a. C.
No debemos excluir las consideraciones de las ideas de hombres de genio, ideas que han perdurado, aunque no concuerden con la manera de pensar del mundo físico moderno.
Sobre estas teorías debe haber habido una discusión intensa. Una confirmación del interés que todos los filósofos de la época demostraban por el tema, se obtiene de todo lo que se encuentra escrito en varios diálogos de Platón.12
En el Menone se encuentra la definición de la luz y del color, propuesta por Gorgia 13:
«el color es el efluvio del cuerpo percibible en correspondencia a la vista» 14 sobre la vía indicada por Empédocles.
En el Timeo se encuentra una expresión de este género:
«De todo aquel fuego que no pudo quemar, pero produce la apacible luz del día, hicieron (los Dioses) de manera que existiera un cuerpo. El fuego puro que se encuentra dentro de nosotros y es de la misma naturaleza de este fuego del día, lo hicieron fluir liso y denso a través de los ojos, obligando a todas las partes, pero especialmente aquellas del medio, de los ojos, de manera que retuvieran todo aquello que fuera más graso y dejaran pasar sólo aquello puro. Cuando por lo tanto hay luz diurna alrededor de la corriente del fuego visual, entonces el símil encontrándose con el símil y uniéndose estrechamente a este, constituye un cuerpo único y apropiado en la dirección de los ojos, donde la luz que sobreviene desde el interior choca con aquella que se abate desde el exterior. Y este cuerpo hecho todo sensible a las mismas impresiones por las semejanzas de sus partes, si toca alguna cosa o si es tocado transmite los movimientos por todo el cuerpo hasta el alma, y produce aquella sensación por la cual nosotros decimos ver. Pero el fuego visual se separa de su afín, cuando este desaparece en la noche; en efecto saliendo fuera encuentra el desemejante, y se altera y se extingue, ni puede connaturarse con el aire circundante, porque éste no es más. Por lo tanto el ojo deja de ver…»15
También en el Teeteto encontramos un paso interesante:
12 PLATÓN de Atenas, vivió entre el 428y el 347 a. C.
13 GORGIA de Lentini (Sicilia). Nace en el 480 a. C.
14 ENRIQUES, F e de SANTILLANA, G. “Storia del pensiero scientifico”. Vol. I: «Il Mondo
Antico». Bologna: Zanichelli, 1932, pág. 162.
15 TIMEO, cap. 16, trad. de C. Giarratano, Laterza, Bari. cfr. también FORTI, U. Le concezioni della luce da Demócrito a Cartesio, «Periódico di Matematiche», 1928, pág. 92.
«Sócrates. –Mira bien alrededor, que ningún profano nos escuche. Entiendo por tales a aquellos que no creen que exista nada más fuera de lo que pueden aferrar con las manos y que no consideran como existente lo que se hace y lo que sucede, ni nada invisible.
Teeteto. –Con esto tu me indicas, o Sócrates una especie de hombres duros e intratables.
Sócrates. –Esos son efectivamente bien groseros, muchacho mío. Pero otros, y numerosos, de los cuales voy a revelarte los misterios, son más cultos. El principio de ellos (…) es que todo es movimiento en el universo, y que no existe nada más que esto. Hay dos especies de movimientos; cada uno es infinito en numero, pero uno es activo y el otro pasivo. De sus combinaciones y de su choque mutuo se forman innumerables productos, subdivisiones en dos clases: el objeto sensible y la sensación; la cual coincide siempre con el objeto sensible y es generada en el mismo tiempo. las sensaciones son conocidas bajo el nombre de visión, oído, olfato, gusto, tacto, frío, calor, y también de placer, dolor, deseo, temor; sin hablar de muchas otras, de las cuales un gran número no tiene nombre y un gran número de ellas tiene uno solo. La clase de las cosas sensibles es producida por medio de cada una de las sensaciones, como los colores de cada especie con la visión de cada especie, los distintos sonidos con los estímulos del oído y las otras cosas sensibles correspondientes a las otras sensaciones . Esto quiere decir que todo esto está en movimiento y que este movimiento es lento o rápido, que este que es lento ejercita su movimiento en el mismo sitio y sobre los objetos cercanos, que se produce de esta manera; y que lo que es así producido tiene mayor lentitud, que al contrario lo que es rápido, desplazando su movimiento sobre los objetos lejanos, produce en esta guisa, y lo que es producido así tiene mayor velocidad, porque es transportado y porque su movimiento consiste en la translación. Cuando entonces el ojo y un objeto idóneo se han acercado y se produce el claror y la sensación correspondiente, que no se habrían nunca producido si el ojo se hubieran dirigido a otro objeto, o recíprocamente, entonces moviéndose estas dos cosas en el espacio intermedio, quiere decir: el fuego visual partiendo de los ojos y el claror partiendo del objeto que produce el color, junto con los ojos, el ojo se encuentra rellenado del fuego visual, percibe y se vuelve no sólo fuego visual, sino ojo vidente: paralelamente, el objeto colaborando también a la producción del color , es rellenado de claror y se vuelve, no ya claror, sino objeto claro; tanto si esto que recibe la tinta de este color sea madera, piedra o cualquier otra cosa. Hay que hacerse la misma idea de todas las otras cualidades, como la dureza, el calor etc., y hacerse el concepto que nada de todo esto es tal en mismo, (…) pero que todas estas cosas así distintas nacen desde su acercamiento recíproco, que es una sucesión de movimientos».16
Aparte de que Platón se ocupa mucho del proceso sensitivo en general que de aquello visivo (que sirve para ver) en particular, es evidente que insiste sobre el lado psicológico de la visión. Él siente y expresa la necesidad de un agente externo (el resplandor, que parte del objeto y va hacia el ojo, o sea la luz) y de un agente interno (o sea el fuego visual) extendido fuera del ojo para dar vida y consistencia al objeto visto, el cual es así, en cuanto que es el resultado de todo este proceso.
16 TROUESSART, op. cit. pág. 176.
Esta idea, de que la luz tuviera una naturaleza mecánica, antes que material, indicada por Demócrito, como se a podido ver, y ahora, ya tan avanzada por Platón, encuentra un desarrollo interesante, en la obra de Aristóteles.17
Aristóteles que parece pronunciarse por una teoría material de la luz, en la mayor parte de sus discursos, en los que trata de la visión 18 amplía y define la idea sólo abocetada por sus predecesores: que la luz sea un fenómeno de naturaleza mecánica. Acorde a las costumbres del tiempo, él no cita a aquellos entre sus predecesores que habían avanzado ideas en la misma dirección, sino que critica a aquellos que van en contra.
Aristóteles no acepta la hipótesis de la emisión de la luz del ojo, idea de la cual cree culpable a Empédocles. La critica con estos términos en el cap. II Dei Sensi:
«Pero si el ojo fuese de fuego, como dice Empédocles y como a escrito en el Timeo; si la visión tuviera lugar por medio de un fuego saliente del ojo, como por medio de la luz saliente de una linterna, ¿porqué no se puede ver en medio de las tinieblas? Decir que esta luz se extingue expandiéndose en las tinieblas, como dice en el Timeo, es un razonamiento completamente desprovisto de sentido. En efecto ¿cómo puede suceder la extinción de la luz? El calor y lo seco se extinguen en el frío y en lo húmedo, y como tales parecen ser el fuego y la llama que se forman en los carbones incandescentes. Pero ni el calor ni lo seco parecen pertenecer a la luz. Si se encontrasen y si fuesen invisibles a causa de su quietud, tendríamos por consiguiente que en una jornada de lluvia la luz se debería extinguir, y que en tiempo de hielo deberíamos tener las tinieblas más profundas. Porque tales son los efectos que sufren las llamas y los cuerpos incandescentes. Ahora ya, no sucede nada semejante».19
Culpa también a Demócrito, que había hablado de la huella de las imágenes sobre la pupila, tal vez engañado por las imágenes vistas por reflexión sobre la córnea. Y Aristóteles esto lo nota justamente, aunque usando términos menos modernos.
Se declara contrario también a la teoría contenida en el Teeteto:
«Es en absoluto absurdo sostener que se ve por alguna cosa que sale del ojo y que esta cosa se extienda hasta a los astros o hasta que encuentra alguna otra cosa que le viene en contra, como lo pretende alguno. Porque en el peor de los casos seria preferible admitir esta unión en un primer momento, en el ojo mismo. Pero aunque esto fuera una
17 ARISTÓTELES, de Stagira en Macedonia, vivió entre el 384 y el 322 a. C.
18 Dell ‘Anima, Libro II, cap. VII; Del Sensi, cap. II y III; Della generazione degli animali, Libro V,
Cap. I.
19 TROUESSART. op. cit. pág. 181.
necedad, porque no se entiende el significado de esta unión de luz a luz, y no se entiende como pudiera efectuarse».
Más adelante Ronchi nos comenta el caso de Euclides, que fue alumno de Platón y algo posterior a Aristóteles. En su Óptica y en la Catóptrica Euclides se declara a favor de la teoría pitagórica de la emisión del rayo del ojo.
La obra de Euclides sobre la óptica es verdaderamente importante desde el punto de vista histórico, porque nos permite reconstruir el modelo de la luz que se estaba formando en la época.
Euclides era un matemático, y su razonamiento tuvo una gran influencia sobre el desarrollo de la teoría de la luz.
Veamos los postulados que Euclides decía en su Óptica.
1º) El rayo emitido por el ojo va derecho.
2º) La figura comprendida por los rayos visuales es un cono que tiene el vértice en el ojo, y la base al margen del objeto mirado.
3º) Se ven aquellos objetos al los cuales llegan los rayos visuales.
4º) No se ven aquellos objetos a los cuales no llegan los rayos visuales. 5º) Los objetos que se ven bajo ángulos mayores, se juzgan mayores. 6º) los objetos que se ven bajo ángulos menores, se juzgan menores. 7º) Los objetos que se ven bajo ángulos iguales, se juzgan iguales.
8º) Los objetos que se ven con rayos más altos, se juzgan más altos. 9º) Los objetos que se ven con rayos más bajos, se juzgan más bajos.
10º) Los objetos que se ven con rayos dirigidos a la derecha, se juzgan a la derecha. 11º) Los objetos que se ven con rayos dirigidos a la izquierda, se juzgan a la izquierda. 12º) Los objetos que se ven con más ángulo, se distinguen más claramente.
13º) Todos los rayos tienen la misma velocidad.
14º) No se pueden ver los objetos bajo cualquier ángulo.
El primer postulado de la Óptica contiene tres conceptos importantísimos:
1º) El concepto de «rayo», como dirección de propagación de la luz; como hilillo elemental de luz.
2º) El concepto de la luz propagándose a lo largo de este rayo emitido por el ojo.
3º) El concepto de la propagación rectilínea.
Aquí se delinea el modelo de «luz» que todavía hoy constituye el alma de la Óptica Geométrica. Si Euclides se hubiese limitado al primero y al tercero de estos conceptos, habría lanzado la base de una construcción que ha perdurado siglos.
El segundo postulado contiene un complemento interesante del primero. Euclides pone el vértice del cono en el ojo. Esto constituye el fundamento de la perspectiva. El concepto perspectivo es que la visión viene por un cono o una pirámide que tiene el vértice en el ojo y la base en el sujeto observado.
Donde Euclides da un toque genial es a propósito del segundo postulado de la catóptrica: «Todo lo que se ve, se ve según una dirección rectilínea». Él había intuido la diferencia entre el rayo de luz y el rayo visual; se había dado cuenta del comportamiento diferente por el cual el primero se pliega en el espejo mientras la visual no se pliega nunca.
Pero lo que se ha de poner en evidencia es que Euclides insiste en considerar la luz emitida del ojo. Postula la rectilinearidad con observaciones y su experiencia, al menos por lo que dice el Prefacio de Teone. Es interesante que él establece dos tipos de luces ¿consideraba quizás que aquella emitida por el ojo y que iba a ver los objetos fuese de la misma naturaleza que la del Sol, que entraba en una estancia a través de una ventana?
Una mente humana, aunque sublime como la de Euclides, no pudo concretar los resultados que han sido el fruto del trabajo de una multitud de personas en cientos y cientos de años.
En conclusión, –dice Vasco Ronchi– Euclides tiene el mérito de haber creado el modelo geométrico de la luz, el rayo luminoso rectilíneo y privado de estructura física, lo que ha servido a la construcción de la Óptica geométrica, la misma de hoy. En otra parte de su obra encontramos los fundamentos de la perspectiva, las leyes de la reflexión y de la formación de las imágenes en los espejos plano y esférico. También encontramos, numerosas observaciones de óptica física, fisiológica y psicológica, a veces desordenadas y mal interpretadas.
Estamos cerca del siglo III de la era vulgar y la teoría de la emisión de la luz desde el ojo está todavía viva. Después de cerca de siete siglos de vida, se comienza a reconocer que aquello que había sido hasta entonces acertado era solamente el contenido geométrico y que este era el mismo sin que la luz fuera emitida por el ojo o que llegase desde el exterior. Estas dos hipótesis no recibían ninguna confirmación o negación en el complejo estudio de la geometría.
Existía una corriente extremista que decía: la visión se producía por medio de estas emanaciones de los cuerpos a su semejanza, directa hacia el ojo. Ésta idea no debía tener mucho séquito. Uno de sus seguidores Lucrezio20 dice en su famosísimo poema:
De rerum natura:
Digo que de la superficie de todos los cuerpos emanan las efigie o figure liberadas, las cuales se llaman con el nombre de membrane o scorze, porque tienen el mismo aspecto y la misma forma que los cuerpos de los cuales se despegan para difundirse en el aire.
En toda la época (siglo II y III), la demolición de las ideas del contrario era lo corriente, lo más fácil para todo el mundo. Cuando se trataba de construir, Eustato, que se reía de las teorías de Lucrezio, debió de sudar un poco al admitir juntas las expresiones para publicar una teoría del tipo platónico, y para concluir:
Tres cosas son necesarias para que pueda realizarse la visión: la luz que nosotros emitimos de nuestro interior; el aire interpuesto que debe ser luminoso; y los cuerpos que de su parte terminan la tensión.
Como se ve aquí hay un poco de todo: también confusión de ideas.
Quiero hacer notar que quizás todo esto del “rayo de luz que sale del ojo” venga del antiguo sistema del yoga chino de las teorías de meditación orientales donde se habla del curso circular de la luz, de la luz que sale de los ojos. Tenemos la referencia en el libro del TA I GIN HUA DSUNG DSCHÏ traducido por R. Wilhelm, que nombra a la luz como a la Flor de Oro. Veamos lo que nos dice C. G. Jung sobre el libro:
Quizás sorprenda a muchos lectores europeos el que aparezcan en el texto locuciones que ya les son conocidas por las enseñanzas cristianas, mientras que, por otro lado, justamente esas cosas del todo conocidas, que en Europa por lo general solo se toman como metáforas eclesiásticas, ganen una perspectiva enteramente distinta en razón de las correlaciones psicológicas en que están introducidas. Encontramos ideas y conceptos como los siguientes (para tomar sólo unos cuantos en especial sorprendentes): La Luz es la vida de los hombres. El ojo es la Luz del cuerpo.21
20 LUCRECIO CARO, Tito, romano, vivió entre el 97 y el 55 a. C.
21 JUNG, Carl Gustav. WILHELM, Richard. EL SECRETO DE LA FLOR DE ORO. Un libro de la vida
chino. Barcelona: Paidós Studio, 1980. pág. 83.
Al final de este primer período de los estudios sobre la visión y sobre la luz, Ronchi considera que algunos resultados y algunos hechos merecen un subrayado especial:
1º) Un notable grupo de experiencias de óptica, en el sentido general de la palabra; preferentemente en el campo de la visión, pero también hacia afuera.
2º) El desarrollo de tres corrientes teóricas: la de la escuela pitagórica, que hace salir la luz del ojo; la de la escuela atomística, que hace emitir el simulacro de los cuerpos; la de la escuela platónica que tienta la combinación de las dos emisiones. Una cuarta hipótesis que no parece haber tenido seguidores, aunque sostenida por Aristóteles, consideraba a la luz como movimiento entre objeto y ojo.
3º) El predominio y mayor vitalidad de la teoría de la escuela pitagórica.
4º) El ingreso de esta teoría en la Geometría. Como consiguiente definición del “rayo luminoso” emitido desde el ojo, rayo rectilíneo, reflejable y refractable.
5º) El nacimiento de la “óptica geométrica” y de la “perspectiva” con la ley de la reflexión, y con predominio interesante de las leyes de la refracción y de la del recorrido óptico mínimo.
Ronchi argumenta que: «El carácter de este período de búsqueda es de gran complejidad. La heterogeneidad de las nociones, del lenguaje, de las observaciones, de las conclusiones; hacen que impere el desorden y la confusión. Período indispensable, porque de los estudios de este primer material experimental y racional, y (successori); pudieron pues recavar el ordenamiento, la clasificación, el encuadre, la especialización, la teoría»22.
En este complejísimo fenómeno óptico fundamental que es la visión, intervienen factores geométricos, físicos, fisiológicos y psicológicos, a los que corresponden otras tantas ramas de la óptica, vastas y ricas de teoría, de experiencia y, todavía hoy, de misterio.
En aquel primer período de la historia de la luz, asistimos a una miscelánea indistinta de estas cuatro ciencias y sobre todo a la separación de la geometría del resto: la óptica geométrica.
22 RONCHI, Vasco. op. cit. pág. 30.
El primer objeto de estudio fue el individuo mismo que estudiaba: su pensamiento matemático y su alma.
Necesitaremos otro grupo de escuelas para que la indagación se extendiese al mundo periférico del individuo y al mundo externo. Y, en consecuencia las ideas relativas a la luz se afinasen y se definiesen mejor.
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